sábado, 14 de julio de 2007

Abuela Dominga... siempre estaràs presente

La Casa de la Abuela….

Estás ahí, aún de pie, a pesar de los años, de las inclemencias del tiempo que todo lo desgasta o lo destruye…

Estás ahí, intacta, tus paredes encerrando fantasmas del pasado que se vuelven bandadas de recuerdos y me hacen volver a los días aquellos de mi infancia, donde evoco con mezcla de ternura y melancolía aquellos domingos con la mesa tendida y ese delicioso aroma del tuco hecho con tus manos laboriosas, todos, grandes y chicos girábamos a tu alrededor, mimándote, cuidándote y aprendiendo tantas cosas… o escuchándote hablar de tu lejana tierra jamás olvidada…

¿Sabes?... Estás en cada una de mis vivencias, sos el ejemplo reiterado de aquellos días felices de la infancia…

¿Y tu mirada... Abuela? Quién podría olvidarla!

Mezcla de bondad y pena, quizá añorando tu querida Italia…

Pero aquí estaban ellos, tus hijos y te quedaste para siempre en esta tierra…

¿Te diste cuenta Abuela?...

Empecé hablando de tu casa… la casa de la abuela… de esa Tana chiquita y dulce cuyo recuerdo me fue acompañando hasta hoy, que transformada en madre y abuela, quisiera que me recordaran como yo te recuerdo, caminando, apretando mi mano en tu mano o sentada a tu lado, mirándote tejer con esa rapidez que me asombraba, mientras entonabas canciones de tu tierra lejana.

Por eso cuando regreso al lugar donde acuné mis sueños y aprendí a Amar la Vida, no dejo de evocarte y sé que estás en algún lugar, formando parte de ese mundo desconocido al que tarde o temprano habremos de arribar...

Por todo lo que fuiste y por haber formado parte de mi existencia…

¡Dios te Bendiga Abuela!

Maria Esther Salerno.

Hudson, 1997…

Con todo el amor que vos dejaste en nosotros, aquí van tus palabras...

Nancy

Hudson, 2007...

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